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Telegrama

Mucha gente se tomó Telegrama a mofa. Quizás yo fui uno de ellos, hacia 1986. Era por los pelos y las cien chapas condecorando las gabardinas Clousseau y las banderas inglesas cosidas en los chambergos, que parecían entonces algo superado en las aulas de nuestro modismo. Pero su primer y único single de 1982 no fue broma alguna. El pop tiene estas cosas: es completamente no solemne y superficial cuando quiere, y es a la vez lo más importante de la historia. Telegrama no ostentaban las pintas de Brighton 64, y desde luego no evolucionaron hacia su propio La casa de la bomba. Tenían pasado ominoso (Alquitrán: jevis) y su futuro no fue mejor (Hotel Paradiso: pop-funk bolsudo). Pero la gloria de la música pop son sus vórtices insospechados. Quizás Telegrama no eran los más auténticos, pero entregaron una de las canciones más pegadizas y entrañables y emocionantes (el crescendo final aún me subleva los alveolos pulmonares) de la nueva ola mod española, Chica del metro; que además tiene el honor de haber sido el primer single genuinamente independiente de las hornadas de la diana y corbata fina. Y es que la autenticidad es una sandez. Grupos mucho más auténticos no serían capaces de firmar algo así. Por añadidura, su hit no fue flor de un solo verano: tenían muchos otros éxitos, como Héroe de papel y Cuidado con los chicos, ambos himnos perennes del pop juvenil. Telegrama deberían gozar de respeto y admiración cuando escribamos sobre nuestras batallas. ¡Oh, pioneros! Telegrama estuvieron allí y nos dejaron esto, y canciones como esa no mueren nunca. Un gran himno de pop urbano barcelonés (Cruzo aceras por ti / Dejo escaleras tras mí…), fruto de una época pero inmortal en su esplendor. Es lo mejor del pop.
Kiko Amat, marzo del 2014

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